Venezuela, nos puede pasar?

Por Mildred Del Rio

No escapa al lector, en pleno uso de sus facultades cognitivas, el hecho de que la hermana Venezuela ha caído en estas horas en una feroz dictadura. El intrépido escape en moto de la fiscal Luisa Ortega de su oficina en Caracas no es más que el moño con el que, el régimen, termina de completar todos los capítulos del manual del dictador maldito.

Si la muerte y la tortura que padecen los venezolanos es un plan aceitado por el dúo Castro-Cabello o si por el contrario esta debacle es fruto de la incompetencia autoritaria de Maduro, poco importa. Tal vez todo lo que se escribe, todos los análisis y las sospechas tengan una chispa de verdad. Después de todo, las conspiraciones siempre incluyen a un idiota que las arruina, tanto más si el idiota en cuestión es el mismísimo presidente de la república.

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Pero el régimen bolivariano sólo ha visto su caída en la desgracia y el desprecio internacionales en los últimos tiempos, antes, durante años, gozó de un prestigio y apoyo de sus votantes y de la comunidad global, que dejarán un episodio exquisito a la historia de la imbecilidad. Sólo cuando el presidente actual comenzó a dialogar con animales y espíritus, y sus delirios místicos superaron su marca diaria se empezó a considerar, seriamente, al chavismo como una catástrofe humanitaria. Que se entienda que Maduro en febril diálogo con un canario, cual princesa de Disney, fue lo que requería el planeta para entender que ese monstruo estaba demente.

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En estas horas, el frenético archivo documental de fotos y antiguos apoyos a favor del chavismo hará su faena. Es que la cantidad de artistas, deportistas, intelectuales, políticos, científicos, sindicalistas, premios Nobel, ONGs, organismos internacionales, y otras excrecencias que aceptaron los beneficios del milagro socialista del Siglo XXI, es innumerable. En las épocas del generoso flujo de petroplata toda esta gente, todos estos organismos usaron su influyente dedo índice para mostrarnos de qué lado del pan se ponía la manteca.

Chávez, indisimuladamente, comenzó a tejer la trama de la dictadura actual, lo hizo (cuando no) apelando a los piadosos valores que el socialismo aún hoy se acredita, a pesar de las purgas y las masacres por el comunismo realizadas. Sin embargo, no recibió condena internacional o de cabotaje que limitara su crimen. Es que hasta hace 15 minutos se les pedía a los venezolanos que dialogaran con sus victimarios!.

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Indolentemente hemos visto el desfile de hipócritas y esbirros proponiendo acuerdos de paz a la gente que rascaba morfi de la basura. Sólo la crisis económica asestó el golpe de gracia a la innombrable dictadura. Los venezolanos soportaron del asfixiante régimen la pérdida del control de sus vidas, la supresión de sus libertades, su libre albedrío, su condición de ciudadano y, también, su capacidad de participación política. A este pueblo y a su dirigencia el hastío les llegó tarde. Sería iluso creer que llegaron a esta postración económica, social y moral sólo por la fuerza. La estupidez, el acomodo, la burocracia, la corrupción, los beneficios del narco, la dependencia de la caridad estatal en forma de empleo o dádivas hicieron su lento y pertinaz trabajo.

Pero ninguna cadena es más fuerte que el mas débil de sus eslabones, y el sistema político y económico venezolano se convirtió en insostenible e inestable. Es imprescindible entender todo esto, porque el relato es el mismo y persiste monótonamente en todo el mundo. La “Nomenklatura” que vampirizó a Venezuela es una trama cerrada en la justificación colectivista y estatista. Es un sistema que no nos es desconocido.

Cuál es el peligro? El peligro es este sistema de instituciones débiles y mafias poderosas, tan vigente, tan inmanente. Y, aunque dibujemos políticas frívolas y efectistas, pongamos parches, nivelemos “para arriba”, redistribuyamos migajas y apacigüemos los ánimos en épocas electorales siempre correremos el riesgo de que el eslabón débil sea quien finalmente nos gobierne. Somos un sistema permeable, sin defensas y un caldo de cultivo para el desvarío autoritario. Toda nuestroamérica puede ser rehén de la caridad obligatoria que inauguró el chavismo.

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En cada voz socialista se repite que ese no es el socialismo. Experimento de un laboratorio imaginario por cuyos resultados liberadores habrá que esperar hasta que los mismos que callaron frente a las dictaduras venezolana y cubana nos digan que ahora sí, que esta vez es la que vale. Si Cristina, Maduro o algún otro infame vocacional ya no les resulta instrumental, seguirán con al casting.

Venezuela no se convirtió en una dictadura por culpa de Maduro. Maduro sólo fue posible cuando Venezuela ya era una pócima inflamable condenada al azaroso accidente de un loco déspota. La voraz dictadura de hoy fue su inevitable etapa superior.

 

 

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